miércoles, 21 de octubre de 2015

HATÚN CAÑAR Y CAÑARIBAMBA.



Por: José Luis Espinoza E. 2015

Difícil ha sido para la historia local determinar exactamente desde y hasta dónde comprendían estos espacios determinados por los incas en el área cañari. Algunos indicadores finalmente fijarían dichos espacios que nos permitirán ubicar mejor ciertos hechos históricos y comprender esta área. Aunque esta división y concepto al parecer desapareció temprano en la Colonia; sin embargo, quedaron algunas evidencias mimetizadas en algunos hechos. A continuación, abordaremos algunas pistas que nos dan una orientación al respecto.


LAS RELACIONES GEOGRÁFICAS, 1582.

Un relato de 1582 del cura doctrinero de San Francisco de Paleusí del Azogue, fray  Gaspar de Gallegos nos revela un dato importante:  “ Solían ser gobernados cada parcialidad de su cacique principal, y este cacique principal,  que se llamaba Puezar, traía siempre guerra con la provincia de Hatun Cañar que está a 4 leguas de aquí; y algunas veces iban los caciques a pelear unos con otros; y tenían sus términos señalados de cada pueblo; y cuando iban los de aquí a dar batalla a los de Hatun Cañar, salían ellos al encuentro a los términos de sus pueblos; y así traían sus guerras antes que el Inga viniese; y que peleaban con unas mazas que tenían hechas de madera… que la buscaban en los montes a posta, y cuando mucho les labraban con pedernales.” (Gallegos 1992, 387).
Se colige entonces de que Azogues no pertenecía al área de Hatun Cañar, puesto que desde allí iba el cacique Puezar a dar batalla a los de Hatún Cañar; por lo tanto, Azogues pertenecía a la jurisdicción de Cañaribamba.


POLONI-SIMARD, 1618.

Poloni al referirse a las Reducciones del Oidor Diego de Zorrrilla anota lo siguiente: “Entre las localidades que el Oidor quería dejar sin indígenas, en su decisión del 8 de octubre de 1618, figuran los tambos (Oña y Nabón), un pueblo (Espiritu Santo o Baños) no obstante promovido a parroquia…un caserío que dependía de esta o de San Sebastián (Narancay que formaba parte en otros tiempos del cacicazgo de Cañaribamba)… (Póloni Simard 2006, 55).
Si Narancay pertenecía en el pasado a Cañaribamba al igual que Azoguez; es evidente entonces que el área de la actual ciudad de Cuenca, también pertenecía por endea a Cañaribamba.


CIEZA DE LEÓN, 1553.

Cieza de León manifiesta: “Saliendo de Tomebamba por el gran camino hacia la ciudad del Cuzco, se va por toda la provincia de los Cañares, hasta llegar a Cañaribamba, y a otros aposentos que están más adelante. Por una parte y por otra se ven pueblos de la misma provincia, y una montaña que está a la parte  de Oriente, la vertiente de la cual es poblada, y discurre hacia el río del Marañón.” (Cieza de León 1995,163). Cieza se refiere al Fasayñan, visible a simple vista desde lugares altos de Cuenca y sus alrededores.
Está claro que si Ingapirca  era para Cieza Tomebamba, saliendo de allí o de esa área que pertenecía a Hatún Cañar; se llegaba seguido a Cañaribamba. La montaña a la que se refiere aunque no especifica su nombre era el Fasayñan o Huacayñan, el mismo que queda en el área de Canaribamba.


CRISTÓBAL DE MOLINA, 1575.

“En la provincia de Quito está una provincia llamada Cañaribamba, así llaman a los indios, «cañaris» por el apellido de la provincia, los cuales dicen que al tiempo del Diluvio en un cerro muy alto llamado Huacayñan, que está en aquella provincia… (Oyuela Caycedo et al.2010, 372).
Cristóbal de Molina también se refiere al cerro Hucayñan el mismo que de acuerdo a los análisis anteriores, se encontraría en Cañaribamba.


CONCLUSIONES:

1.- Los cuatro indicadores  coinciden en  señalar que desde azogues hasta el sur, era la región de  Cañaribamba y hacia el norte se encontraba Hatún Cañar. Cañaribamba no comprendía sólo el valle tropical de Yunguilla como se ha creído tradicionalmente sino que comprendía también zonas frías del sur del Azuay, incluyendo parte de Zaruma en la provincia del Oro y Catamayo en Loja.
2.- Si observamos las dos áreas señaladas en el mapa, la de Hatún Cañar es más pequeña que Cañaribamba; entonces hemos de preguntarnos ¿ por qué es que Hatún Cañar era la provincia grande de los canares?. Quizá la explicación se encuentre no en el tamaño del área que ocupaba, sino a que era la “cabeza principal de los cañares y en donde había grandes y suntuosos edificios” según manifiesta Gallegos y en la importancia que tenía para los incas el gran templo al Sol levantado por Túpac Yupanqui en Ingapirca.



BIBLIOGRAFÍA:

Cieza de León, Pedro. 2005. CRONICA DEL PERU DEL SEÑORIO DE LOS INCAS 1553. Biblioteca Ayacucho,  Caracas.
Gallegos, Gaspar de. 1992. San FRANCISCO PELEUSI DEL AZOGUE 1582. En, RELACIONES HISTÓRICO -GEOGRÁFICAS DE LA PROVINCIA DE QUITO SIGLOS XVI-XIX  T.I .Edición y transcripción, Pilar Ponce Leiva, 385-390. MAKA  ABYA-YALA, Quito.
Oyuela Caycedo, Augusto; Peter W. Stahl.; J. Scott Raymond,. 2010. Cerro Narrío y Max Uhle: el arqueólogo como agente del desarrollo de la arqueología ecuatoriana. Editores: Peter Kaulicke, Manuela Fischer, Peter Masson, Gregor Wolff. Pontificia Universidad Católica del Perú, Lima.
Poloni-Simard, Jaques.2006. El Mosaico Indígena, Movilidad, estratificación social y mestizaje en el Corregimiento de Cuenca (Ecuador) del siglo XVI al XVIII. ABYA-YALA Instituto Francés de Estudios Andinos, Quito.




miércoles, 29 de julio de 2015





EL PUKARA CRUCES DE MISIÓN.

Por: José Luis Espinoza E.
20-VI-2015.

ANTECEDENTES.

Por lo general los cerros sagrados y pukaras son áreas planas pequeñas o escalonadas que se encuentran en las cimas de las montañas, en dónde  se evidencia la presencia de material cultural precolombino. La proximidad de estos sitios al valle de Gualaceo,  sus ríos, y el paso de senderos precolombinos cercanos a estos, corroboran, la función de santuarios o pukaras. En general estos espacios no son  aptos para vivienda por ser muy empinados o por estar ubicados algunos  sobre fallas geológicas y tampoco son idóneos para la agricultura por la falta de fuentes de agua cercanas.
Esta área emblemática conforma una “Geografía Sagrada del Azuay”, un paisaje cultural privilegiado, en donde los antiguos  habitantes,  rindieron culto a sus deidades supremas. En este valle se emplazaron los cañaris precolombinos de la cultura Tacalshapa y los incas.

En 1582, el Corregidor de Cuenca Antonio Bello Cayoso solicitó a los curas doctrineros información de los pueblos y doctrinas de  esta provincia y en las Relaciones Geográficas quedaron registradas algunas costumbres religiosas locales y de la adoración de sus pobladores a ciertos elementos naturales como son montes, lagunas, rocas, piedras y árboles grandes. Los habitantes andinos creían que algunas divinidades y los espíritus de sus ancestros “vivían” en las montañas y es por eso es que algunos ritos lo hacían en ellas, como se puede constatar en la actualidad.

El área en mención, se encuentra amenazada y soporta una fuerte presión de deterioro, atribuida al permanente uso de los recursos energéticos como leña y yerba a lo largo de miles de años y a los embates de la modernidad como son la explosión demográfica y una descontrolada urbanización de estos sitios. Como consecuencia, se evidencian  la  deformación del paisaje por efectos de la minería, la deforestación y reforestación con especies exóticas que han destruido los suelos, extinguiendo además la flora y fauna nativas. Por lo tanto, se hace urgente una declaratoria de protección  de estos lugares de gran valor cultural para sus comunidades.

EL CERRO

Tiene registro del INPC AY-01-11-52-000-09-000009 y se encuentra  en la parroquia de La Unión del cantón Chordeleg, provincia del Azuay, coordenadas s. 749704 y w. 9675268 a 2. 847m.s.n.m.
Se accede desde Cuenca a Chrordeleg por vía asfaltada hasta un desvío desde donde se continúa por un carretero lastrado hasta las faldas del cerro, luego se toma un sendero a pie hasta la cumbre.

El cerro tiene forma cónica y cuenta con escalonados hacia el lado oriental y un acantilado hacia el borde occidental que sirve de barrera natural. Los escalonados del lado oriental se encuentran alternados, un rasgo muy característico que difiere de los pucaras incas, que generalmente tienen escalonados regulares en forma de una torta. Los escalonados miden aproximadamente dos metros, barreras que  dificultaban el acceso del atacante. Por lo general estas barreras se encuentran en  hacia los lados más vulnerables. Por las faldas del cerro atraviesa un camino antiguo que  debió permitir el acceso de los participantes en el conflicto.

En la cima del monte se levantan dos enormes  cruces de madera, que nos recuerda las disposiciones emitidas por 1575 por el Virrey Francisco de Toledo, en la que se disponía la colocación de cruces en casas, junta de caminos y colinas en donde se practicaban “idolatrías”.

Si bien este cerro no es un sitio ceremonial; sin embargo, la colocación de cruces en algunos cerros se volvió con el tiempo, una tradición vinculada con la Pasión de Cristo. Es así como se colocaron cruces  en otros sitios como también se levantaron capillas, ermitas, etc. Convirtiéndose a la larga en sitios de peregrinación y culto católico, como en este caso. Al lugar asisten en romería cada año los habitantes del lugar, en el día de las Cruces.


LOS CONFLICTOS INTERNOS.

Estos sitios defensivos no eran una exclusividad de los incas, anteriormente los cañaris precolombinos ya contaban con lugares defensivos.  Un relato de 1582 del cura doctrinero de San Fancisco de Paleusí del Azogue, fray  Gaspar de Gallegos nos relata  las tensiones internas entre grupos de una misma cultura en este caso, los cañaris:  “ Solían ser gobernados cada parcialidad de su cacique principal, y este cacique principal,  que se llamaba Puezar, traía siempre guerra con la provincia de Hatun Cañar que está a 4 leguas de aquí; y algunas veces iban los caciques a pelear unos con otros; y tenían sus términos señalados de cada pueblo; y cuando iban los de aquí a dar batalla a los de Hatun Cañar, salían ellos al encuentro a los términos de sus pueblos; y así traían sus guerras antes que el Inga viniese; y que peleaban con unas mazas que tenían hechas de madera… que la buscaban en los montes a posta, y cuando mucho les labraban con pedernales”.

Hernando Pablos, un vecino de Cuenca manifestaba en 1582 que: “ El uso y manera de su pelear era que se untaban la cara, brazos y piernas con un betún que ellos tienen que se llama bandul que es colorado, y con unos zamarros, a manera de camisetas, de plumas de papagallo y algunas estampas de plata, con sus lanzas de palma y otros con hondas, y otros con tiranderas que son unas varas que se tiran estos cañares a 50 y 60 pasos; y otros con macanas, que es su nombre a manera de montantes ce palma, y algunas porras de piedra; con las cuales, formando su escuadrón, se mataban unos a otros en la dicha guerra, llegándose tan juntos, que a manos se mataban, según dicho es”.


EL “JUEGO” DEL PUKARA.

Por otro lado, existían también otras costumbres que implicaban actos reñidos entre grupos de comunidades cercanas como el caso de Gullanzhapa  y Maluay al sur de Cuenca, que practicaban  las luchas del Pukara en la que dos comunidades acordaban una lucha a pedradas, hasta que hubiese sangre, la misma que inconscientemente era una ofrenda a la tierra, la que propiciaría buenas cosechas.

Es probable que muchos de estos cerros estuvieran vinculados también a estos ritos de fertilidad, practicados  desde la época precolombina.


LAS ARMAS.

Los museos de la ciudad cuentan con una variedad de armas que eran utilizadas por estos grupos,  entre ellas se encuentran las hachas de piedra, mazas o rompecabezas, y las flechas silbadoras de metal que producirán terror por su agudo sonido. También contaban con la onda, arma que  podía ser lanzada a distancia; por lo  general, la lucha era de cuerpo a cuerpo.


PATRIMONIO CULTURAL.

En cualquiera de los casos, estos sitios tienen un valor importante para la historia de las comunidades locales,  tanto pukaras como santuarios se convierten en un patrimonio tangible por lo que deben declarase, áreas protegidas. Estos lugares deben ser investigados, preservados y difundidos por todos quienes  valoramos la cultura tangible e intangible de nuestros pueblos.